Después de meses de una pandemia que nos ha encerrado sin vida cultural, el teatro de Lorca trajo aire fresco, como ese que anhelan las hijas de Bernarda Alba en su cruel luto, a un Palacio de Congresos de La Línea de la Concepción con el aforo completo. Completo y entregado a su paisana, Consuelo Trujillo, exultante al final de la obra, cuando se despojó de su estremecedor papel de la recta madre lorquiana para llenar de besos y agradecimientos al público linense, con el que se reencontraba después de décadas.
La Casa de Bernarda Alba que dirige José Carlos Plaza se convirtió en una atracción en La Línea desde antes de representarse, con la linense Consuelo Trujillo como protagonista de la expectación y en los medios. Ya sobre las tablas del Palacio de Congreso ofreció, cómo no, la obra atemporal que es, con brillantes actuaciones cargadas de contención y fuerza. Además de Trujillo, en el papel de Bernarda, completan el elenco Ana Fernández, Ruth Gabriel, Luisa Gavasa, Zaira Montes, Rosario Pardo, Montse Peidro y Marina Salas.
Las actrices desplegaron su nivel en una puesta en escena sobria, como lo es la propia adaptación, que elimina personajes y elementos secundarios para centrar y potenciar el drama del encierro de las ocho protagonistas. Una adaptación y dirección que subraya la escalofriante actualidad del texto de Federico García Lorca en cuanto a la posición de la mujer en nuestra sociedad, la de hoy, tratando temas como las desigualdad salarial y la violencia de género.
Lástima que la calidad del sonido del Palacio de Congresos no estuvo a la altura, con ruidos y con algún problema para escuchar con claridad a las actrices en algún momento, especialmente en las butacas de la zona alta. Aún así, muchas cosas que celebrar en el recinto linense, con la vuelta del teatro y de la actriz linense a su tierra. La Línea se convirtió ayer, de nuevo, en La Casa de Consuelo Trujillo.

