Fervor, emoción desbordada, en el barrio marinero de La Atunara con la vuelta a las calles del Cristo del Mar y la Virgen de la Luz y Esperanza Nuestra. Había ganas de reencontrarse tras este parón de dos años con estas sagradas imágenes que, una vez más, han emocionado con su sencillez y elegancia al mismo tiempo, solemnes en cada levantá, en cada chicotá, en cada marcha, a cada paso, meciéndose como ninguna otra imagen. Precisamente, el Cristo del Mar y la Virgen de la Luz, esta última portada por mujeres, son las únicas imágenes que procesionan en parihuela con varales exteriores, portadas a hombros por hermanos cargadores. Singulares.
Como singular es el ambiente que se ha respirado este Viernes Santo en el corazón de La Atunara, emociones a flor de piel que casi se tocaban en el aire con la salida de estas imágenes desde la parroquia del Carmen, en parte de su recorrido y en puntos claves como la carrera oficial. La devoción al Cristo del Mar, a la Luz y Esperanza Nuestra, también al Carmen, es casi una forma de ser. Se nace con ello.
Así no es de extrañar, y tras la interrupción de estos últimos años, que la plaza de la Iglesia del Carmen, uno de los rincones más icónicos y encantadore en esta ciudad, se haya quedado pequeña, diminuta, para acoger a las cientos y cientos de personas que se han dado cita para arropar en su estación de penitencia a la Sacramental y Venerable Hermandad de Nuestra Señora del Carmen y Cofradía de Penitencia del Santísimo Cristo del Mar, Santa Madre de Dios, Luz y Esperanza Nuestra y San Juan Evangelista. Todas ellas han servido de aliento a las cuadrillas de portadores y portadoras, capataces, hermanos nazarenos, mantillas y acólitos. Cientos de personas que sentían como una sola y que han roto como una en aplausos, en abrazos, en llantos, en gritos y vítores a cada momento.
Las primeras levantás, dedicadas a los que por desgracia ya no están y a los que afortunadamente siguen estando, a los que nunca faltan su cita con el Cristo de Mar y la Virgen de la Luz. Las primeras chicotás, mirando al mar. Sublime. De ahí al cielo. En una nueva estación de penitencia para el recuerdo.