En tiempos de inflación y hasta de desabastecimiento, el lujo es algo prohibitivo. Pero, según se mire, solo se trata de saber dónde buscar. Hay algunos al alcance de la mano, a precio de saldo, pero no nos damos cuenta o, peor, no sabemos apreciarlo. El flamenco de Perico ‘El Pañero’ y de José Carlos Gómez, algecireños ambos, es un lujo y así quedó patente en un recital celebrado este sábado en la asociación de vecinos del Embarcadero, con el que la Sociedad del Cante Grande de Algeciras ha abierto con fuerza su temporada.
Dos de los más reconocidos flamencos de la Algeciras actual que, ya por separados, deberían llenar espacios que ni se les abren, pero que juntos ofrecen un espectáculo de esencia y sabiduría flamenca. El guitarrista José Carlos Gómez, discípulo directo del maestro Paco de Lucía, volvía a acompañar con su guitarra en un tablao y se le vio disfrutar con un Perico El Pañero elegante y añejo.
El cantaor de la saga de Los Pañero abrió el recital, tras las presentación oportuna del presidente de la Sociedad del Cante Grande, Carlos Vargas, con una saeta. Apareció luego José Carlos Gómez para interpretar su colombiana ‘El Greco’, reciente segundo premio del I Premio SGAE de Flamenco Paco de Lucía. Preciosa. Continuó con soleá y cerró la primera parte en solitario con una bulería alegre acompañada con las palmas de José Peña y Abel Arana.
Tras un breve descanso, Gómez y Pañero se juntaron y la tarde se puso flamenca y jonda. El cantaor se arrancó por malagueñas, con profundidad y su habitual elegancia. Canta con las manos y toca el alma del buen aficionado con la voz. La guitarra de José Carlos brilló en las falsetas pero, sobre todo, abrigó al cante.
Perico mima su instrumento, la garganta, apañolada, con tragos a un termo humeante. A cambio, le permite jugar con ella con quejíos largos y con gusto. Enorme por soleá. Mientras José Carlos afinaba su guitarra en un ambiente húmedo, José Vargas habló, instó a cuidar y valorar lo que estaba en el escenario y regañó al programa de Televisión Española que se ha olvidado de una comarca flamenca durante su recorrido por España. Gómez habló de su acompañante como un flamenco en peligro de extinción que había que proteger “como al lince ibérico”.
El recital continuó por seguiriyas y se cerró, mandado está, por fiesta, con unas bulerías, palmas, baile y ovación. Una buena tarde, una muestra de nuestro mejor flamenco servido por la Sociedad del Cante Grande. Un lujo.