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Estado de alarma: un año desde que todo se detuvo

Este domingo, 14 de marzo, se cumple un año de la entrada en vigor del estado de alarma en España por la crisis sanitaria del COVID-19. Un día antes, el 13 de marzo de 2020, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se dirigió a los ciudadanos en una comparecencia en la que explicó la gravedad del momento que atravesaba el país y la necesidad de recluirnos todos, sin excepción, en casa: estado de alarma y confinamiento. Unos días que nunca olvidaremos y que seguro que resuenan con fuerza en nuestra cabeza, y lo seguirán haciendo, como si fuese ayer: «¿Te acuerdas cuándo…?», «yo estaba haciendo…». Unos días que, de una u otra forma, marcarán un antes y un después en la vida de todos y cada uno.

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Y es que esa vida entonces, ese 14 de marzo, se detuvo. Algunos cambiamos los vaqueros por el chandal y las zapatillas mientras buscábamos un hueco en casa para teletrabajar; sí, una de las decenas de nuevas palabras que este año hemos adoptado como corrientes en nuestro vocabulario diario, como pandemia, brote, cepa, variante, tasa de incidencia, EPI, FPP2, hidrogel, PCR, ERTE, estado de alarma, confinamiento y ola, la primera, la segunda y la tercera…

Otros entonces, los de la primera línea, tuvieron que continuar saliendo a la calle, a unas calles desiertas, a unas ciudades vacías, para desempeñar su trabajo esencial, más esencial que nunca: cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, personal de limpieza, de los supermercados, transportistas, farmacéuticos y ellos, los sanitarios. A todos salíamos a aplaudir cada tarde a las 20.00 horas, enviándoles un mensaje de aliento que también servía para recordarnos a nosotros mismos que un día más siempre era un día menos. («Ya queda menos, vecina», le gritaba cada tarde mi madre a la vecina de enfrente, a la que hasta esos días no había puesto cara).

Por aquellos días se conocía muy poco de esta maldito virus, y con escasos recursos (algunos sanitarios se protegían con bolsas de basura y las mascarillas entonces eran un producto de primera necesidad difícil de encontrar), muchos arriesgaron sus vidas, y la perdieron, para salvar, por ejemplo, la de los pacientes que se agolpaban en los pasillos de urgencias. Unas duras imágenes, unas cifras, que sólo aliviaba la solidaridad mostrada por cientos de personas que quisieron hacer algo al respecto: confeccionando mascarillas y equipos de protección desde casa, fabricando pantallas protectoras y respiradores, o simplemente echando una mano a los más vulnerables, los abuelos.

En total, desde el inicio de esta crisis sanitaria, España registra 3.183.704 casos confirmados de coronavirus y 72.258 personas fallecidas a causa de esta enfermedad. Andalucía cuenta con 486.380 contagios registrados desde marzo y 8.895 muertos. En el Campo de Gibraltar, 18.283 personas han contraído el COVID-19, 14.120 se han curado y 457 han fallecido. Las cifras mundiales ascienden a los 119 millones de contagios y 2.647.229 fallecidos.

Sin duda, este año todo ha cambiado mucho: muchos han perdido un puesto de trabajo, su negocio, los ahorros de toda una vida o lo peor, a un ser querido. Nuestras relaciones humanas, nuestra forma de socializar y divertirnos, de ver y entender el mundo también han cambiado. Y parece que, dejando atrás una tercera ola de la pandemia, la más cruenta en esta zona desde la que escribimos, se comienza a ver algo de luz, aunque todavía quede para ver el final del túnel. A día de hoy la vacuna, el mayor hito científico de los últimos tiempos, parece el mejor salvavidas. En España, a día de hoy, se han administrado 5.352.767 dosis.

A lo mejor no es el principio del fin pero seguro que es el fin del principio.