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Apoteosis de un Cautivo liberado y un reencuentro

La llamada a las puertas de la parroquia de San Isidro sonó a liberación. La liberación de un Cautivo que durante dos años permaneció encerrado por una pandemia. Al tercer Martes Santo, y a pesar de un amenazante claroscuro cielo, llegó la libertad. Y el Medinaceli se reencontró con un pueblo de ojos vidriosos y nervios que esperaba en su barrio, en su plaza. Nunca se perdió la esperanza y la Esperanza reinó en santa compañía a su Hijo durante un recorrido que supo a gloria, que supo a poco pero, sobre todo, supo a Algeciras.

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Las ganas de salir eran mayores, inmensamente mayores, que las posibilidades de lluvia. El Señor de Algeciras salió de su templo con un esfuerzo indiscutible de los costaleros, ajustado al dintel desafiante, pero desde fuera y desde abajo la salida parecía el vuelo de un pájaro al que le abren al jaula. Momentos de emoción y alguna lágrima.

Nuestro Padre Jesús Cautivo Medinaceli lucía ya en su procesionar por las calles del barrio con la túnica de terciopelo burdeos bordada en oro, del taller de bordado de las Hermanas Ramas de la localidad sevillana de Brenes, realizada en el año 2001, y que fuera donada por la familia del torero Miguel Mateo Miguelin. Los pies descalzos estaban posados sobre un monte de claveles rojos sangre de toro y friso compuesto de eryngium, lirios morados y rosas malvas. Estrenó un nuevo cordón dorado para la medalla de la ciudad donado por el alcalde, José Ignacio Landaluce Calleja.

María Santísima de la Esperanza abandonó su templo con el conjunto de saya y manto bordado en oro de las Adoratrices de Málaga, del año 1981. Portó la toca de sobremanto bordada en oro que realizara el Taller de Bordados de la Cofradía, y diseñada por Adrián Carrillo. Para tan especial ocasión estrenó un tocado de brocado de seda y oro y el refregaó lo compuso la antigua toca de sobremanto de oro metálico e incrustaciones de pedrería, que portó la Santísima Virgen desde sus primeras salidas. «Qué guapa va», repetía una señora. Rosas rosas, hyacintos malvas, hortensias rosas, flor de arroz, dendrobium, anastasia rosa y hypericum componían el exorno floral.

Cristo y Virgen, Hijo y Madre bajaron a la (calle) Gloria y Montereros flanqueados por algecireños admirando, saludando con la mirada a su Alcalde Perpetuo y la Esperanza. Así fue durante todo el recorrido, también fuera de su barrio, por las calles del centro de Algeciras, en la Plaza Alta y por la carrera oficial. Eso sí, en el Casino quedó pendiente una saeta. El paso de misterio estuvo acompañado musicalmente por la Agrupación Musical del Cautivo de Estepona, mientras que María Santísima de la Esperanza desfiló a los sones de la Banda de Música del Maestro Infantes, de la vecina localidad de Los Barrios.

El Medinaceli llegó horas y muchos sentimientos e imágenes después de vuelta a la plazoleta de San Isidro, que lo recibió abarrotada de fieles y a oscuras. También con lluvia, que impidió que la cofradía se recreara y, en cambio, se tornó el epílogo apresurado y épico para un Martes Santo memorable, el del regreso, el del reencuentro.